¿NÚMERO DEL PREMIO, Y FECHA DEL SORTEO?. Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.

Abelardo a sus 40 años sigue soltero. Tal vez sea lo mejor. De haberse casado, se jugaría a su mujer a la lotería y metería a sus hijos en alguna máquina tragaperras. Lleva 15 años enganchado en la ludopatía. Los primeros años, allá por la década de sus veinte, tuvo la suerte de cara con los premios, y, valga la redundancia, eso le llevo a la mala suerte de creer que todo el monte era orégano y el juego la gallina de los huevos de oro, donde podría triunfar sin dar un palo al agua. ¡Fantasías!: Ahora no le conoce ni la madre que le parió. Come sólo el día que puede, se afeita cada diez días, y no ha renovado su vestuario en 7 años. Viste de la ropa que le dan y no se preocupa de combinar colores ni de si las prendas son de invierno o de verano.

Hoy no tiene un puto duro ni tampoco quien se lo preste, porque a todos los conocidos les tiene colgados con algún préstamo sin pagar. Sin embargo, no pierde la esperanza de que algún día le sonría la fortuna. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Él aún sueña con gordos de lotería. En realidad cada vez está más desesperanzado, porque ni siquiera tiene dinero para jugar. El salario de su trabajo eventual como descargador de barcos en el puerto nunca acaba la primera semana después de percibirlo. Y, lo peor, tiene que andar escondiéndose de sus innumerables acreedores.

Abelardo ha decidido cambiar de táctica y ha consultado con una pitonisa.

- Sí -dijo la pitonisa mientras observaba la bola de cristal con gran parsimonia-, veo que el primer premio de la lotería recae en un número de cinco dígitos... que comienza por 11... y el resultado de multiplicar todos sus dígitos es 343.

- ¿Multiplicar?. Explíqueme cómo -pidió Abelardo-, porque no he entendido esa operación de multiplicar los dígitos.

- Sí, por ejemplo el número 12.345, sería 1 X 2 X 3 X 4 X 5 = 120.

Abelardo se pasó toda la noche haciendo cuentas. Sin embargo, cuando creyó tener el problema resuelto, recordó no haber preguntado la fecha del sorteo.

Al día siguiente, volvió a casa de la pitonisa.

- Vamos a ver -contestó la pitonisa poniendo ambas manos sobre la bola de cristal y cerrando los ojos-. Veo que el sorteo es un día de la semana nominado con una palabra esdrújula... en cuestiones de fecha, veo un número primo de dos dígitos cuya suma es cuatro... y en cuanto al mes, veo uno de cinco letras con una "r" justo en medio. Son 5.000 pesetas por la consulta.

- Solamente tengo 3.000 -mintió Abelardo, que quería reservar dinero para comprar décimos del número con premio anunciado.

- ¡Ah, no, eso no! -respondió la pitonisa cerrando los ojos de nuevo-. También veo en tu cartera dinero suficiente para pagarme la consulta en su integridad.

Abelardo enrojeció. Pagó la consulta íntegramente y se fue a su casa convencido del poder de videncia de la pitonisa.

Cuando, en casa, Abelardo acabó de resolver el nuevo enigma, se dio cuenta de que la fecha de sus resultados ya había pasado hace diez días. Desesperado, decidió telefonear a la pitonisa.

¡Ringgg!.

- Sí, dígame. Aquí "videncias en la obscuridad".

-Mire, soy Abelardo, el chico de las consultas sobre la lotería. Mire, que yo saco que la fecha que usted me dio ya pasó hace 10 días.

- ¡Naturalmente que ya ha pasado! -respondió la pitonisa- ¡Cómo iba acertar si no que el premio correspondía a ese número!. Además, de haber podido adivinar los números del premio antes del sorteo, ¡no seas tan ingenuo como para creerte que te daría tan valiosa información solamente por 5.000 pesetas!.

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