PRÓLOGO: Por Bartolomé Poza Expósito, paciente de Ataxia de Friedreich

Lisonja pido primero, para ser yo mismo quien redacte el prólogo de mi libro. Y no es por no tener a nadie quien lo haga... sólo un pero, y no una manzana... por aquello de Adán y Eva. Es que, aunque sea un prólogo atípico, soy yo quien mejor se conoce a sí mismo y sabe lo que está haciendo.

Con clara lucidez y las ganas de lucha que han caracterizado toda mi vida, en el ocaso de ella, comencé una etapa desconocida y apasionante, llena de ilusión, como es la de escribir "Sentimientos de una vida". Empecé hace unos tres años para, ahora jubilado y con tiempo para escribir, dejar reflejados mis más íntimos secretos.

Escribo, con visos de realidades biográficas, de todo cuanto he vivido, viva y siga viviendo, hasta que las fuerzas me abandonen. (Dios tiene la última palabra, que deseo no acontezca pronto).

Sé que no sé nada... aunque sea una frase hecha, es la pura verdad. ¡No sé apenas nada!. ¡Qué más quisiera!. Si escribo, es gracias a este "juguete", llamado ordenador... inimaginable para mí hace unos años cuando, por la ataxia, perdí la habilidad para manuescribir y, con ella, la esperanza de expresarme en texto. Y, sin embargo, ahora puedo hacer lo que tantas veces he anhelado: ¡Escribir! Mal o bien, pero escribir... más mal que bien.

Todo cuanto escribo es fruto de un infinito trabajo, físico y psíquico, y de unos deseos locos por expresar cuanto siento: sentimientos, experiencias, fantasías, sueños, recuerdos... ¿Quién le pone "fronteras" a una mente llena de inquietudes, vivencias, utopías, sueños... y también amarguras, cansancios, desazones, agotamientos...?.

En esta oportunidad, que la vida me regala en su epílogo, quiero liberar el alma de la capacidad creadora que la ata, y dejar plasmado en este libro por capítulos todos mis sentimientos, aunque a veces puedan parecer "cosa de locos".

Sólo el tiempo tiene la última palabra respecto hasta donde puedo llegar, dada la enfermedad que me aqueja (Ataxia de Friedreich y, de "propina", una cardiopatía isquémica, y otras añadiduras). Soy el único que padece esta enfermedad hereditaria dentro de una familia muy extensa. Ofrezco mi dolencia hereditaria por mi familia, y deseo que muera conmigo, y nadie más que yo la padezca. No importa el tiempo pasado ni los días vividos en este alocado mundo: El tiempo no se detiene, y pasa inexorablemente para todos.

Emocionalmente expresivo en mis manifestaciones, extrovertido al ciento por cien, y de un perfeccionismo incansable, busco siempre la exquisitez de la verdad que, sabiendo que tengo más defectos de cuantos quisiera, día tras día no hallo.

"Sentimientos de una vida" es como una llama que vive en mi corazón, y ha de sobrevivir cuando mi alma haya emprendido el vuelo. Es el profundo silencio del alma que nace el eco del "despertador" subyacente en nosotros mismos... proclives a la utopía y piedad en el corazón, encendido de amor.

Manan destellos de luz de una lámpara que se apaga en los albores de un nuevo crepúsculo matutino. Nací libre, y, sin embargo, vivo encadenado al yo mismo. Humilde, doy gracias a Dios por darme la capacidad de seguir con esfuerzo y dignidad el deterioro degenerativo del cuerpo que quiere llegar al universo de las estrellas y de los sueños.

(Bartolomé Poza Expósito).



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